miércoles, 23 de octubre de 2013

¡No saber adónde vamos, ni de dónde venimos!

Sin palabras, Rubén Darío, nada podría explicarlo mejor:

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, 

y más la piedra dura porque esa ya no siente, 
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, 
ni mayor pesadumbre que la vida consciente. 

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, 
y el temor de haber sido y un futuro terror... 
Y el espanto seguro de estar mañana muerto, 
y sufrir por la vida y por la sombra y por 

lo que no conocemos y apenas sospechamos, 
y la carne que tienta con sus frescos racimos, 
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos, 

¡y no saber adónde vamos, 
ni de dónde venimos!...

martes, 22 de octubre de 2013

Las oportunidades nunca se pierden. Si no las aprovechas tú, las aprovecha otro.

Yo que pensaba que aún seguías en busca de una musa que consiguiese inspirarte. Yo que creía que no te encontrabas, que anhelabas algo o alguien que te hiciese sentir, que necesitabas intensidad para convencerte de que la vida valía la pena. Pensaba, que como yo, pedías a gritos esperanza y abrazos con sentimiento. Miradas transparentes y esa belleza que va mucho más allá del aspecto exterior. Pensé, creí, sentí, intuí, pero ya ves, me equivoqué. Tienes musa y crees tenerlo todo así, pues no hay mayor satisfacción que encontrar a alguien que te hace sentir especial solo con una mirada.
Hay trenes que solo pasan una vez y yo lo perdí mientras me decidía a cogerlo. Lástima no haberme dado cuenta del valor que había dentro de ti. 

lunes, 21 de octubre de 2013

Lo aparentemente insignificante.

Escribes mientras intentas buscar un sentido a esto del vivir. Escribes para creértelo, para autoconvencerte de que la felicidad está dentro de nosotros. Posiblemente escribas para ti tras haber aceptado que tus palabras nunca llegarán a generaciones futuras. Que nadie se emocionará con tus versos y que ese blog nunca será el líder en visitas.
Y yo, consciente de que nunca llegarás a leer esto, tengo la necesidad de decirte que tus frases han recargado mi esperanza. Que espero impaciente nuevas actualizaciones mientras decido retomarme donde me dejé.
Por el pequeño gran empujón, gracias, aunque nunca te lleguen.

La infinidad no es opcional.

En los tiempos que corren, prometer amor se ha convertido en algo ordinario, nada fuera de lo común. ¿Cómo puede alguien garantizar que dentro de veinte años va a seguir queriendo a esa persona tal y como en este mismo instante? Es sin duda, un gran error prometer algo que no está a nuestro alcance. ¿O es que alguien ha decidido de quién enamorarse? Pueden juzgarme de negativa, o incluso de reprimida pero los siempres no existen. Todo, absolutamente todo tiene un final y es recomendable tener constancia de ello. Por muy bella que sea la flor termina muriendo. Por muy rico que esté el pastel existe un último trozo. Y por muy grande que sea la llama del amor, se termina apagando. No se castiguen porque una relación acabase, o por perder a una amistad, constituyen aspectos inevitables de esta vida. Y bien, prometan que no les olvidarán, agradézcanles todos los momentos vividos pero no más falsas ilusiones, la infinidad no es opcional.