Tú que solías expresar tanto con una mirada ahora usas lentillas para cambiar el color de tus ojos.
O tú, que te preocupas más por unas zapatillas de marca que por los abusos que se esconden tras ellas.
¿Qué está pasando? Si ahora se valora más ir bien vestido que tener el corazón en su sitio.
Que ves un parado con dos hijos pidiendo en la calle, miras hacia arriba y no pasa nada. Que presencias un suicidio provocado por una orden de desahucio y ningún medio de comunicación se molesta en informar de tal catástrofe, no pasa nada, tú sigues caminando. Te enteras de que que una prestigiosa marca atenta contra los derechos de sus trabajadores y la semana siguiente compras algunos de sus productos ya que "es ley de vida". Y ya lo decía Martin Niemöller hace poco más de medio siglo, cuando las desgracias son ajenas miramos hacia otro lado y cuando nos toque a nosotros ya no quedará nadie que pueda ayudarnos.
"Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio, que es bueno para mi salud. Pero nunca he oído a nadie decirle a un deportista: tienes que leer."
sábado, 30 de noviembre de 2013
domingo, 17 de noviembre de 2013
Sentir que tenemos mucho que dar pero nadie a quién dárselo
Ahora es cuando pensáis cómo podía haber sido vuestra vida de no haber rechazado ciertas proposiciones o no haberos guiado por el impulso momentáneo. Pequeños detalles alineados unos detrás de otros nos han ido formando día a día.
El caso es que, posiblemente influida por la situación meteorológica o por el día en la semana en el que estamos (los domingos y yo nunca hemos tenido mucha afinidad), me he levantado pensando lo diferente que podría estar siendo mi vida. Todas las decisiones que he tomado a lo largo de ella me han llevado a estar donde estoy ahora. He retrocedido mentalmente a cada una de ellas y las he cambiado. He visualizado el cambio y lo peor, es que me ha gustado más. Igual por eso recurrimos a la imaginación, porque somos incapaces de aceptar la realidad y vernos solos. Después de mucho reflexionar me he dado cuenta de que estaba idealizando la vida que podía haber tenido, y que en realidad no cambiaría ninguna decisión, porque soy lo que soy por lo que he vivido.
Quizás por esa costumbre inconsciente que tenemos los seres humanos de buscar culpables, he echado la culpa al frío. El sentirnos desamparados aumenta nuestro deseo de compartir el día a día con alguien. Pero no nos engañemos, sentirnos solos nos hace vulnerables y sentirnos vulnerables hace que busquemos cualquier cosa que termine con ese sentimiento destructivo. Y es ahí cuando cometemos el error de buscar la felicidad fuera de uno mismo solo porque sentimos que tenemos mucho que dar pero nadie a quién dárselo.
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El caso es que, posiblemente influida por la situación meteorológica o por el día en la semana en el que estamos (los domingos y yo nunca hemos tenido mucha afinidad), me he levantado pensando lo diferente que podría estar siendo mi vida. Todas las decisiones que he tomado a lo largo de ella me han llevado a estar donde estoy ahora. He retrocedido mentalmente a cada una de ellas y las he cambiado. He visualizado el cambio y lo peor, es que me ha gustado más. Igual por eso recurrimos a la imaginación, porque somos incapaces de aceptar la realidad y vernos solos. Después de mucho reflexionar me he dado cuenta de que estaba idealizando la vida que podía haber tenido, y que en realidad no cambiaría ninguna decisión, porque soy lo que soy por lo que he vivido.
Quizás por esa costumbre inconsciente que tenemos los seres humanos de buscar culpables, he echado la culpa al frío. El sentirnos desamparados aumenta nuestro deseo de compartir el día a día con alguien. Pero no nos engañemos, sentirnos solos nos hace vulnerables y sentirnos vulnerables hace que busquemos cualquier cosa que termine con ese sentimiento destructivo. Y es ahí cuando cometemos el error de buscar la felicidad fuera de uno mismo solo porque sentimos que tenemos mucho que dar pero nadie a quién dárselo.
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In-necesario.
“El hombre es el único animal que se crea necesidades que nada tienen que ver con la subsistencia del individuo y con la reproducción de la especie. No le basta comer para alimentarse, sino que condimenta los alimentos, de modo que añadan placer a la satisfacción de su necesidad. No le basta vestirse para abrigarse, sino que añade, a esta función tan elemental, la exigencia de confeccionar su ropa con determinadas formas y colores. No se contenta con cobijarse, sino que construye edificios con líneas armoniosas y caprichosas que exceden de su necesidad: lo cual no ocurre con la guarida del zorro, la madriguera del conejo o el nido de la cigüeña. ¿Hay algo más inútil que la corbata que lleva usted puesta?"
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