miércoles, 30 de abril de 2014

Yo primera. Y tú después.

No sé nada de esas tardes de sofá  en la que empiezas una película.. y el final me lo cuentas tú. De noches en una cama que no sea la mía. De canciones que te recuerdan algo que aún no se ha apagado. De libros con idílicas historias de amor, nunca los termino.
No he sentido calor en invierno ni he contemplado flores en otoño. Pero he visto nevar en primavera y me he congelado en verano. 
No te has lanzado al mar sin ropa ni yo te he observado desde la orilla. No me has dedicado Amo tanto la vida de Ismael, ni yo me he emocionado mientras lo hacías. No he despertado acompañada ni hemos visto amanecer en mitad de la playa. No hemos tenido tardes de cerveza, cigarro y cuenta tú primero. 
No tengo tus buenos días y ya me imagino tus buenas noches. Te las estoy pidiendo.
Tú primero. Y yo después.

viernes, 25 de abril de 2014

Confundí el norte y el sur.

He hecho cosas que nunca pensé que haría,
he visto lugares a los que sin duda volvería.
He comido con las manos
y he creído en los Reyes Magos.
He bailado de noche con las olas
y he sabido lo que es estar sola.

También me he sentido invencible,
eterna e imparable,
y otras veces, tan frágil,
que no he podido ni pisar la calle.

He visto reír a los que más quiero
y llorado con la letra de algún bolero.
He escrito cartas que nunca entregué
y poemas que nunca te leeré.

He soñado lo que tantas veces he imaginado,
y he despertado para darme cuenta de que no estabas a mi lado.

He reído hasta quedarme sin voz,
he llorado en busca del amor.

He creído en los cuentos,
he abrazado momentos
y te he echado de menos.

Ahora solo te busco,
y la mejor excusa que puedo darme
tras no encontrarte,
es que busco en la tierra algo que conocí en las nubes.

lunes, 14 de abril de 2014

Hace tiempo que no nos conocemos.

Te echo de menos sin haberte tenido
y tengo recuerdos
de momentos
que nunca ocurrieron.

Pienso en ti como si existieses
y te espero como si fueses a llegar.

Ocupas dentro de mí un hueco tan grande
que hace inexplicable
que no nos hayamos conocido.

Soy capaz de hacer planes de futuro,
entiendo por futuro lo sucedido antes de una semana,
e incluso pensar en los inconvenientes.

Tengo tantas ganas de conocerte que siento
que ya lo he hecho
alguna vez
y espero con ansia el reencuentro.

Si tantos sentimientos son fruto de la imaginación,
la mía debió de sembrar en exceso.

domingo, 13 de abril de 2014

El día que dejó de esperar trenes.

Está sentada en un banco desgastado. Observa el día soleado, los pajarillos cantando, las palomas picoteando. Sonríe. Le gusta ver que todo marcha bien. Dentro de ella ya es otra cosa. Se enciende un cigarrillo.
La llegada del tren rompe el silencio con furia. Abre sus puertas. La primera en bajar es una joven que maneja con dificultad su maleta. Le brillan los ojos, es normal, él le espera. Después baja un grupo de adolescentes con ganas de divertirse e invadidos por la euforia que provoca escaparse de casa por unos días. Baja una pareja de ancianos, un hombre de negocios que mantiene una conversación telefónica, una madre con dos niños, un chico con grandes cascos y un padre que regresa a casa.
Desalojados todos los ocupantes, el tren se llena de nuevo. Risas y lágrimas adornan la estación.
Coge humo en un amago de contaminarse de tanta intensidad. Tras ser consciente de la ineficacia de su deseo lo echa: pues os contamináis vosotros.
La veo y sé que se siente un banco más: alguien que observa la vida que transcurre a su alrededor mientras deja que la suya se consuma. Alguien que ve llegar y partir trenes ajenos y revisa su billete convencida de que algún día llegará el suyo.
No puedo ver sus ojos pero sí lo que ve a través de ellos. En ese momento me doy cuenta de que la chica que sujeta un lápiz y un papel soy yo. Y como no me queda tabaco, decido levantarme y asumir que hay trenes que nunca pasarán.
Convencerme de que no espero nada de nadie y aceptar que nadie espera nada de mí.

domingo, 6 de abril de 2014

Revolución.

Nos prometieron una infancia de ensueño, y conocer el valor de la amistad.
Descubrimos que se podía estar en guerra sin tener armas
y eso que llamaron amigo jugaba en más de un bando.

En la adolescencia conoceríamos nuestro primer amor.
El de los paseos en el parque que terminaban en algún colchón.
Pero lo más parecido al amor fue la letra de esa canción
que por cierto, terminó en un contenedor.

Llamaron "otra cultura" a los millones de personas que mueren de hambre
en condiciones desfavorables.
Y primera potencia a lo que debieron llamar "causa de la desigualdad".

Nos hartamos de escuchar historias en las que una princesa necesitaba ser salvada por un príncipe
y se pasarían el resto de su vida comiendo lombrices.
Resultó que en la realidad no hubo príncipe,
y la princesa, que estaba lejos de serlo
(y qué bien hacía),
era más de beber de comer.

Nos animaron a correr con todas nuestras fuerzas.
Al final solo había un muro, y vaya golpe.

Luego se quejan de los jóvenes que buscan la felicidad o el olvido (¿o es lo mismo?) en porros,
de las mujeres maltratadas a las que nadie enseñó a quererse,
de los egoístas a los que no les marcaron límites,
de los ladrones que no recibieron una educación,
de los violentos a los que no enseñaron que eso estaba mal.

Hoy, leemos la letra pequeña y nos sale gritar revolución.