sábado, 28 de febrero de 2015

Hubo un tiempo en el que tuvimos que aprender
que la mayor parte del camino
lo andaríamos solos.

No por eso dejó de ser bonito
compartir victorias y derrotas
con los que por aquel entonces,
caminaban a nuestro lado.

Crecimos con la inocencia de quien cree en los Reyes.
En los Magos aún lo sigo haciendo,
y son las mejores personas que he conocido.

Crecimos sin ser conscientes
de que las responsabilidades también lo hacían.

Aprendimos que llorar no bajaba a nadie del cielo
y echar de menos no encendía cenizas ya apagadas.

Nos peleamos con la vida,
la culpamos,
la insultamos…
hasta que nos dimos cuenta de que era lo único que teníamos.

Me hubiese gustado ver crecer a los que un día
me enseñaron más que todas esas clases aburridas
en las que el tiempo pasaba a cámara lenta.

Me hubiese gustado dar las gracias a quién se fue antes de tiempo,
para que nunca olvidase
que yo no iba a hacerlo.

Aprendí a no poner la otra mejilla
cuando solo conseguía un hinchazón en la cara
y una impotencia fruto de injusticias a las que no debimos dejar pasar.
Y aprendí también,
que a veces la ponías esperando una torta,
y recibías un beso.

Me enseñaron la diferencia entre buena y tonta.
Y decidí,
que quería luchar por tener el corazón más grande que la talla de sujetador,
pero pensando también,
en la única persona que estaría conmigo toda mi vida.
Alguien que me costó apreciar y entender,
aunque aún no lo haya conseguido del todo.
A esta,
a la que ves aunque no entiendas,
la que se enamoró de la poesía antes que de cualquier persona.
La que no sabe callar a tiempo
y lo arregla pidiendo perdón.
La que vive en las nubes
para ver más de cerca las estrellas.
La que canta,
mal
pero igual de alto que si lo hiciera bien.

La que a veces confunde utopía con realidad,
pero está más cerca de volar
que los que la juraron que no podría hacerlo.


jueves, 19 de febrero de 2015

Cajas bonitas, pero vacías.

No sé si la espera durará tanto como para separarse definitivamente de "-ranza".
Hay quien dice que lo bueno se hace esperar, pero no nos aseguró que llegaría.
Igual es que la única forma que tienen para convencernos de dejar atrás la tristeza, es hacernos creer que algún día nos despertaremos, y por fin, nos veremos reflejados en los ojos de alguien que nos hará sentir que no volveremos a caminar solos.

Cuánto marketing en contra de la soledad. Y cuánta farsa nos intentan vender, cuando la aspiración de la pareja perfecta es hacerse el mejor regalo por San Valentín. Que muy santo debe de ser para permitir que le demos su nombre a la fiesta del consumismo, donde el que más regala, es el que más ama. Y muchas ganas de vomitar tendrá al ver, lo que hemos contaminado el amor, y el poco valor que tiene ahora la palabra en-amor-arse.


Así que, si le veis, al amor, prometiendo una historia de príncipes, princesas y sapos que tienen coche caro, visten de marca y regalan cosas, no le creáis. Está de campaña.


Y lo que queda bajo el envoltorio, es la soledad más grande que existe,

la que se siente en compañía.

miércoles, 4 de febrero de 2015

No siendo, no siento.

Nos quejamos de nuestra falta de autocontrol
fiándonos de fármacos que pondrían fin a nuestro problema.

La consecuencia:
estar drogados,
no ser uno,
y más problemas.

Nos convierten en momias que deambulan
sin paradero marcado,
con ganas de que acabe el día
y con la certeza de que el siguiente
no será muy diferente.

Si siendo no disfruto
y no siendo
no siento...
Dime ahora, doctor,
cuál es la solución.


Guardaré mis gritos
cuando usted guarde esas pastillas,
y estaré bien
cuando no las necesite.

domingo, 1 de febrero de 2015

.

Pasa el niño con el perro.
Caen las hojas.
Pasa el tiempo.

Pasa la anciana con el bastón.
Nieva.
Pasa el tiempo.
        
Pasa el joven distraído.
Nacen flores.
Pasa el tiempo.

Pasa el pobre mendigando.
Sale el sol.
Pasa el tiempo.

Pero tú,
no pasas.

Y así,
Yo tampoco puedo pasar


página.

No dejes de ser ángel porque se haya ido al cielo.

La gente suele pensar que si alguien no está es porque se ha ido. O porque aún no ha llegado. Sin embargo, tú estabas. Físicamente igual que siempre. Pero va a hacer un año desde que se fue el brillo de tus ojos y de que tu sonrisa es más forzada. Sé que lo intentas pero te cuesta dejar marchar a alguien porque no pudiste salvarle. Yo solo quería recordarte que el único control de nuestra vida está en nosotros mismos. Nadie nos convencerá de llevar un modelo de vida si nosotros no queremos. Es inútil sentirse culpable o llamar fracaso a un intento de salvar a alguien de la rutina.
Quería recordarte, que tú no tienes la culpa. Que tú no elegiste que fuese así, ni que de los 365 días del año os viéseis cinco. Ahora está más presente que nunca, porque no estábamos acostumbrados a hablar tanto de él. Pero ninguna lágrima ni ningún sentimiento tóxico lo va a traer de vuelta.
Lo único que te salvará es confiar en el ciclo de la vida y pensar que el hecho de que otros no aprovechen su vida no significa que tú tengas que dejar escapar la tuya. Es hora de que tus ojos vuelvan a brillar, mamá.