viernes, 8 de agosto de 2014

Dejarse no llevar.

A veces se agradece la ayuda que proporciona ir a favor de la marea.
Y te puede sonar bien ir a contracorriente.
Pero no sé hasta qué punto merece la pena.

Que la poesía pague los destrozos, que diría Escandar.



Ella será la responsable,
pero los destrozos siguen siendo míos.

domingo, 3 de agosto de 2014

miércoles, 23 de julio de 2014

Perderse y encontrarse en el mismo verso.

Hace tiempo que camino sin rumbo. 
Que he dejado de vivir para empezar a sobrevivir. 
Y no se me da mal. 
Pero no es lo mismo. 

He dejado de preocuparme por disfrutar 
y me he centrado en avanzar, 
aunque muchas veces me he visto estancada. 

Me he olvidado de las cosas bonitas, 
de las margaritas, 
de los versos por todas partes 
y de todas esas palabras con las que disfrutaba 
llenando hojas y hojas en noches de insomnio. 

Solía afirmar que si algún día dejase de escribir,
moriría. 
Por eso llevo tanto tiempo sobreviviendo. 

Y también por eso, 
creo que es el momento 
de dejar de hacerlo. 

Que vuelva la vida. 

                                        Me voy.                                                 
                                                                                        Me pierdo.


Con el fin de encontrarme.




domingo, 6 de julio de 2014

Al pájaro enjaulado no le sirve de nada tener alas.

No sabía lo que sentía porque nunca me lo había preguntado.
Pero hoy,
cuando he visto el brillo de tus ojos inquietos mientras formulaban la pregunta,
lo he tenido claro.
No puedo prometer amor porque no depende de mí,
no quiero decir te quieros huecos en significado
ni hacer promesas en vano.
No quiero ataduras ni personas que condicionen mis decisiones.
Y si quererte,
o intentarlo,
conlleva fingir emociones y seguirnos el juego con mentiras,
lo siento,
no quiero.

martes, 17 de junio de 2014

La culpa es de la luna.

Es media noche y escribo para no pensar.

No pensar
que la incertidumbre me produce insomnio.
Que mis ganas de irme son enormes,
y el miedo a hacerlo también.

No pensar
que no tengo a quién pensar
porque he subido el listón
más alto de lo que tú prometiste subirme a ver la luna.

Lo he subido ahí,
para que no llegues,
para que no lleguen.

Para que esta vez
la excusa no sea mi miedo a verme atrapada.

Para creer,
efímeramente,
que esta soledad
no la he elegido yo.

(Aclaración: Cualquier rayo de sol visible anula todas y cada una de las letras que componen tal desastre provocado por la luna llena y mi sensibilidad ante la misma.)

sábado, 14 de junio de 2014

A otra cosa, mariposa.

No me importa si ya no escribes para mí.
O si nunca lo hiciste. 

No me importa que hayas borrado mi número 
y no hayas tenido ganas de recuperarlo. 

Tampoco me importa que no pienses en mí 
cuando suena nuestra canción. 
O si para ti nunca fue nuestra.

No me importa que no vayamos a hacer ese viaje. 
Que no vayamos a ese concierto. 
Que no tomes mi mano por debajo de la mesa. 
Que no te devanes los sesos pensando qué escribirme
en una postal injustificada 
ni en cuáles serán mis flores favoritas. 

Ignoro si alguna vez piensas en mí.
Pero tampoco me importa.

sábado, 7 de junio de 2014

Vete antes de que amanezca.

Ven, que quiero oírte cantar una de tus canciones.
Que quiero verte sonreír en cada acorde.
Que quiero que bailes conmigo esta noche.

Ven y tráete dos cervezas y un mechero,
que mis vicios te echan de menos.

No te olvides de tu cuaderno de tapas azules lleno de tachones
en el que escribes cuando en tu cielo no hay nubes
o cuando está lleno de nubarrones.
Y cuando llegues,
ábrelo por la página en la que escribiste
cómo me conociste.
Ábrelo y recítalo,
pero omite la parte en la que dices
que me quieres.

Ven con ropa
pero dispuesto a quitártela.
Con sed
de algo más que una botella
pero que no tenga nada que ver con amor.

Ven cuando quieras, pero vete antes de que amanezca.
Que yo no quiero despertarme y sentir el vértigo de un te quiero.
Que mi futuro lo quiero planear sola,
sin condiciones
y con las alas bien abiertas.

No te rías cuando te diga que no quiero morir de amor,
que yo,
si algún día me muero,
será de felicidad.

Ven, y vete antes de que amanezca,
que hoy te espero
pero mañana te des-espero.

Con un guión que separa des de espero y anula la espera del día anterior.
Con un guión que desconfirma cualquier malentendido
en el que los sentimientos se hacen hueco entre dos personas que lo pasan bien.
Con un guión entre tú y yo que no permitirá de esto un nosotros.

Que yo lo tengo claro,
el único amor de mi vida es mi vida.


lunes, 2 de junio de 2014

Las pequeñas cosas son las más grandes.

Con frecuencia atribuimos la palabra felicidad a lo que no tenemos.
Un hermano con quien poder desconectar.
Una mascota a la que cuidar.
Una pareja idealizada.
Una abuela a la que volver a abrazar.
Un hijo que no vendrá.
Un mensaje que no recibirás.
Un teléfono que no sonará.

Nos atormentamos mientras nos preguntamos qué hemos hecho mal.
Por qué ellos sí y yo no.
Por qué yo sí y ellos no.

Pero
hoy me he dado cuenta de que la felicidad es esto.
Sonreír sin motivo,
emocionarse con canciones,
una tarde con viejos amigos,
un libro dedicado,
el cigarro antes de dormir,
una carta recibida,
un examen aprobado.

Felicidad es todo lo que pasa a nuestro al rededor
y que,
sin darnos cuenta,
hace que la vida valga la pena.

Hoy no necesito verme reflejada en los ojos de nadie
y ya no busco el aplauso ajeno en cada acción.
Hoy me da igual vuestra opinión
y lo digo muy orgullosa,
soy feliz.

jueves, 22 de mayo de 2014

Preguntas que añoran respuestas.

Ellas, las respuestas, no pueden existir si ella no lo hace.
Son la segunda parte de una pregunta.

Sin embargo ella,
la pregunta,
no os necesita a vosotras para cobrar vida.

Ella es independiente,
libre,
misteriosa,
a veces inoportuna,
a veces esperada,
a veces odiada.

Ella sale de casa cuando quiere,
sin pedir permiso ni compañía.
No busca complacer ni que la sigan.
No sé si busca la verdad o escabullirse de ella.
Ni si quiera sé cuando espera respuesta.

Es cierto que ella es completa sin vosotras,
pero se hace notar para encontraros.
Necesita teneros cerca para saber quién es.

No penséis que no le hacéis falta,
se vuelve como loca si las cosas no le cuadran.

Es orgullosa,
no os lo dirá nunca,
pero os necesita.

martes, 20 de mayo de 2014

ATERRIZAR


Aterrizar es darse cuenta de que allí,
en lo más alto,
donde se estaba tan a gusto,
no existe.
Es aceptar que somos humanos
y que hemos dejado a la imaginación,
apoderarse de nosotros.
Hasta el punto de creernos eternos.
Por eso,
cuando caes en picado,
tocar suelo duele.
Y yo, ya no me creo que alcanzar
tanta altura,
fuese real.
Me pregunto si ha sido un sueño.
Y no sé qué preferiría,
saber que te he perdido para siempre
o aceptar que lo que vivimos nunca existió.

viernes, 16 de mayo de 2014

De mí a mí.

¿Sabes qué pasa con la tristeza? Que cuando consigues ignorarla se va.
Un día te levantas y por alguna razón, se te olvida darle de desayunar.
Cuando te hace preguntas estás tan entretenida en tus cosas que no pierdes tiempo en contestar.
Te dice que estás sola y decides planificar una nueva cita,
y cuando te lo vuelve a decir le dices, sí, lo estoy, y qué.

 Yo sé que te duele pero finges muy bien.
 Y menos mal,
 porque ella se ha ido y tus ojos han vuelto a brillar.

Aunque sigas envidiando la vida de los demás
y pensando que la suerte
no tiene ganas de verte,
te diré que no podías haber tenido más.

¿Acaso no es la vida la mayor fortuna?
Te ríes y me das la razón.
Claro que sí, soy una inconformista
-piensas-
tengo lo más valioso, y aún pido más.

Y la vida es esto.
Subir y bajar.
Perder, pero también ganar.
Llorar de pena o de alegría.
Reír. Gritar.
Y que se te acabe la voz.

La vida es conseguir el papel principal.
El secundario.
O quedarse sin actuar.

El yin y el yang.

Pero lo más importante de todo,
es mirar hacia dentro
y susurrar con calma que todo va a ir bien. 

miércoles, 30 de abril de 2014

Yo primera. Y tú después.

No sé nada de esas tardes de sofá  en la que empiezas una película.. y el final me lo cuentas tú. De noches en una cama que no sea la mía. De canciones que te recuerdan algo que aún no se ha apagado. De libros con idílicas historias de amor, nunca los termino.
No he sentido calor en invierno ni he contemplado flores en otoño. Pero he visto nevar en primavera y me he congelado en verano. 
No te has lanzado al mar sin ropa ni yo te he observado desde la orilla. No me has dedicado Amo tanto la vida de Ismael, ni yo me he emocionado mientras lo hacías. No he despertado acompañada ni hemos visto amanecer en mitad de la playa. No hemos tenido tardes de cerveza, cigarro y cuenta tú primero. 
No tengo tus buenos días y ya me imagino tus buenas noches. Te las estoy pidiendo.
Tú primero. Y yo después.

viernes, 25 de abril de 2014

Confundí el norte y el sur.

He hecho cosas que nunca pensé que haría,
he visto lugares a los que sin duda volvería.
He comido con las manos
y he creído en los Reyes Magos.
He bailado de noche con las olas
y he sabido lo que es estar sola.

También me he sentido invencible,
eterna e imparable,
y otras veces, tan frágil,
que no he podido ni pisar la calle.

He visto reír a los que más quiero
y llorado con la letra de algún bolero.
He escrito cartas que nunca entregué
y poemas que nunca te leeré.

He soñado lo que tantas veces he imaginado,
y he despertado para darme cuenta de que no estabas a mi lado.

He reído hasta quedarme sin voz,
he llorado en busca del amor.

He creído en los cuentos,
he abrazado momentos
y te he echado de menos.

Ahora solo te busco,
y la mejor excusa que puedo darme
tras no encontrarte,
es que busco en la tierra algo que conocí en las nubes.

lunes, 14 de abril de 2014

Hace tiempo que no nos conocemos.

Te echo de menos sin haberte tenido
y tengo recuerdos
de momentos
que nunca ocurrieron.

Pienso en ti como si existieses
y te espero como si fueses a llegar.

Ocupas dentro de mí un hueco tan grande
que hace inexplicable
que no nos hayamos conocido.

Soy capaz de hacer planes de futuro,
entiendo por futuro lo sucedido antes de una semana,
e incluso pensar en los inconvenientes.

Tengo tantas ganas de conocerte que siento
que ya lo he hecho
alguna vez
y espero con ansia el reencuentro.

Si tantos sentimientos son fruto de la imaginación,
la mía debió de sembrar en exceso.

domingo, 13 de abril de 2014

El día que dejó de esperar trenes.

Está sentada en un banco desgastado. Observa el día soleado, los pajarillos cantando, las palomas picoteando. Sonríe. Le gusta ver que todo marcha bien. Dentro de ella ya es otra cosa. Se enciende un cigarrillo.
La llegada del tren rompe el silencio con furia. Abre sus puertas. La primera en bajar es una joven que maneja con dificultad su maleta. Le brillan los ojos, es normal, él le espera. Después baja un grupo de adolescentes con ganas de divertirse e invadidos por la euforia que provoca escaparse de casa por unos días. Baja una pareja de ancianos, un hombre de negocios que mantiene una conversación telefónica, una madre con dos niños, un chico con grandes cascos y un padre que regresa a casa.
Desalojados todos los ocupantes, el tren se llena de nuevo. Risas y lágrimas adornan la estación.
Coge humo en un amago de contaminarse de tanta intensidad. Tras ser consciente de la ineficacia de su deseo lo echa: pues os contamináis vosotros.
La veo y sé que se siente un banco más: alguien que observa la vida que transcurre a su alrededor mientras deja que la suya se consuma. Alguien que ve llegar y partir trenes ajenos y revisa su billete convencida de que algún día llegará el suyo.
No puedo ver sus ojos pero sí lo que ve a través de ellos. En ese momento me doy cuenta de que la chica que sujeta un lápiz y un papel soy yo. Y como no me queda tabaco, decido levantarme y asumir que hay trenes que nunca pasarán.
Convencerme de que no espero nada de nadie y aceptar que nadie espera nada de mí.

domingo, 6 de abril de 2014

Revolución.

Nos prometieron una infancia de ensueño, y conocer el valor de la amistad.
Descubrimos que se podía estar en guerra sin tener armas
y eso que llamaron amigo jugaba en más de un bando.

En la adolescencia conoceríamos nuestro primer amor.
El de los paseos en el parque que terminaban en algún colchón.
Pero lo más parecido al amor fue la letra de esa canción
que por cierto, terminó en un contenedor.

Llamaron "otra cultura" a los millones de personas que mueren de hambre
en condiciones desfavorables.
Y primera potencia a lo que debieron llamar "causa de la desigualdad".

Nos hartamos de escuchar historias en las que una princesa necesitaba ser salvada por un príncipe
y se pasarían el resto de su vida comiendo lombrices.
Resultó que en la realidad no hubo príncipe,
y la princesa, que estaba lejos de serlo
(y qué bien hacía),
era más de beber de comer.

Nos animaron a correr con todas nuestras fuerzas.
Al final solo había un muro, y vaya golpe.

Luego se quejan de los jóvenes que buscan la felicidad o el olvido (¿o es lo mismo?) en porros,
de las mujeres maltratadas a las que nadie enseñó a quererse,
de los egoístas a los que no les marcaron límites,
de los ladrones que no recibieron una educación,
de los violentos a los que no enseñaron que eso estaba mal.

Hoy, leemos la letra pequeña y nos sale gritar revolución.

jueves, 27 de marzo de 2014

Amarilla

Camina mirándose los pies
porque piensa que el mundo le queda grande,
cuando es al revés.
Puede parecer frágil pero está llena de fortaleza.
A veces se siente sola, y aunque nunca lo diga,
yo sé que a veces lo dejaría todo porque acabase el día.

Tendríais que conocerla,
es capaz de que las flores florezcan en otoño
con tal de verla.
Las guerras no tendrían sentido si vieseis su sonrisa,
que hace salir al sol y bailar a la brisa.

Es de esas personas-milagro
que aparecen en tu vida como un rayo
y deseas que permanezcan
por lo menos, una vida.

Y estoy segura de que si hubiese una segunda,
o incluso una tercera,
buscaríamos la forma de encontrarnos.
Porque no necesito verla todos los días, ni todas las semanas,
para que cuando pase, nada haya cambiado.

Es como el árbol que echa raíces y permanece en el mismo sitio,
aunque el sol le queme,
la lluvia le moje
o la nieve lo enfríe.
Aunque ni ella ni yo somos de echar raíces
también nos gustan las excepciones.

Y supongo que esta es mi forma de darle las gracias.
Por aplaudirme cuando nadie lo hace,
por empujarme y animarme a ir a contracorriente
y sobretodo, por las veces en las que ella lo hace conmigo.

No creo en la eternidad,
ni en los siempres,
pero le prometo,
(aunque tampoco crea en las promesas)
que esto es lo más parecido a un para toda la vida,
y ella, a la hermana que siempre quise.


Tú, sí, que sé que lo leerás.

martes, 18 de marzo de 2014

Confesiones.

Un día escribo sobre la muerte. Otro sobre la vida. He empezado a escribir tantos relatos como los que he dejado sin acabar. Los domingos te echo de menos y los lunes de más. Firmo el divorcio con la dependencia emocional y soy feliz. A los dos días lo rompo. Decido pisar tierra pero soy inmune a la gravedad y fiel a las nubes.

Soy esa persona que podría empezar un maratón pero nunca acabarlo, porque la monotonía, lo lineal, me conduce a la desesperación. Igual es porque siempre la estoy esperando, a Felicidad, y ella no es mucho de repetir. Si no hay cambios deja de visitarme hasta que tenga algo nuevo que contarla.

A veces me dice que necesito estar sola y se va. Pero el caso, es que no estoy sola, porque llega Tristeza, que no le gusta ver a la gente desamparada y me hace compañía. Otras veces Ansiedad reclama atención y echa a Felicidad a patadas. Pelean entre ellas a ver quien aguanta más, pero Ansiedad siempre tiene ganas de quedarse y a Felicidad no le gusta discutir. Eso sí, me encanta cuando saca su mal genio y se niega a que la desalojen. Aunque al rato decida irse. 

Así que, no es porque sea cobarde, que lo soy, sino porque hoy me escaparía contigo pero mañana no tendría ganas de verte. 

viernes, 7 de marzo de 2014

(Re)conocer

Una vez oí que era mejor sentir dolor a no sentir nada.

Ahora que me pesan hasta los viernes,
que ya no pinto, ni bailo,
ni me paro mientras camino
porque siempre tengo prisa.

Ahora que no me escucho,
que no te escucho,
que me cansé de esperar.

Ahora que no me busco,
porque sé que ni yo puedo encontrarme.
Ya no contemplo las nubes,
ni trato de contar las estrellas.

Hace tiempo que me echo de menos,
que intento retroceder hasta el instante en que todo empezó a desvanecerse.
Ya no queda nada de lo que fui.

Ahora, que me levanto esperando la noche
y me acuesto con la intención de que pare el mundo.
No muevo mi timón porque el problema no es el rumbo,
soy yo.

Andar a contracorriente conlleva más esfuerzo.
Y menos reconocimiento.

Porque los "yo estoy contigo" tras las caídas
se han convertido en "te lo advertí".
Y la ilusión corrió tan fuerte que la perdí.

Ahora, cuando solo siento vacío,
pienso que la frase no tiene razón,
porque yo prefiero no sentir nada,
a sentir dolor.