sábado, 8 de agosto de 2015



"La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos"  Marco Aurelio


Sucede que después de llevar por mantra frases como "cada uno recibe lo que da", 
llega alguien fardando de los éxitos que ha conseguido pisoteando a los demás.
Algunos que incluso envidio. 
El fin. No el medio.
Entonces la frase pierde sentido. Pero ahí aparece mi interiorizado "todo llega". 
Que de tanto decirlo ya no sé lo que tenía que llegar.
Por eso y porque hace tiempo decidí que no tengo que esperar nada. 
Simplemente aceptar lo que viene.
Con lo que no contaba era con esas personas que desafían el ciclo de la vida,
que creen estar por encima de los valores morales.
Tan por encima, que ni los conocen. 

Lo he pensado mejor. No puedo envidiar ninguno de sus éxitos conociendo lo que hay tras ellos.
Sí podría. Pero no quiero. No desearía ninguno si tengo que renunciar a unos principios, unas ideas y una forma de ver la vida más justa, empática y solidaria.

Así que al final, llego a la conclusión de que "no es oro todo lo que reluce"
y a veces, el que más festeja, es el que menos tiene que celebrar. 
Seguiré afirmando que "cada uno recibe lo que da",
y la cosecha no es para presumir, sino que debe quitar el hambre.
Ahí veremos si estaba envenenada. 




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